13 jul. 2016

Los Príncipes azules no existen ... ¿O sí?

Capitulo 4
Lo que el destino nos deparaba

   

           Como os había contado la cosa se volvió perfecta, quizá demasiado para mi gusto, sí sé que es una contradicción, pero no os pongáis nerviosas dejarme que os explique.
     
            Yo ansiaba esa calma, y me gusta, pero al final el cuerpo se acostumbra a la adrenalina que produce la tensión. Es como los piratas, cuanta más tempestad hay más divertido es el viaje y si en el camino te encuentras un barco al que robar sus tesoros más placentero aún. Pues algo así me pasaba a mí, Alison, esa persona que sufría tanto porque es una persona dependiente emocional, de repente se dio cuenta que después de años luchando la calma le aburría, lo cual llevaba su vida a la monotonía. De casa al trabajo, del trabajo a verle, un rato junto a él, quizá un polvo y de nuevo a casa. Y esa monotonía me ponía verdaderamente enferma, ya que no sabía si era algo que Dani, estaba haciendo aposta. ¿Qué por qué pensaba eso? Si ahora tenía lo que quería, pero su vida no era la de antes.

            Siempre había sido una persona mi abierta socialmente, ya os digo que nunca estaba en casa, siempre tenía planes y conmigo no contaba nunca, vamos que yo no entraba en ellos, pero… de la noche a la mañana una persona así ¿Por qué deja de hacerlos? Y no penséis que porque me quería u os equivocareis. Yo creo que de esa manera lo que consigue es no llevarme a mí a ningún sitio, que al fin y al cabo es lo que ha querido desde un principio. Tener su vida y luego a mí.

             En fin a lo que voy, llevábamos casi un año en esa monotonía, en la que yo a veces me sentía a gusto y otras no. Cuando las cosas comenzaron a animarse y más de lo que me hubiera gustado.

             Acababa el invierno y de nuevo decimos darnos una oportunidad viviendo juntos, aunque tenía mis dudas al respecto ya que el primer fue un desastre total acepté dar el paso, me vendría bien una nueva ilusión para aparcar el aburrimiento que estábamos pasando y comenzó la búsqueda de piso, la cosa no fue fácil ya que todo nos parecía carísimo y pequeño, pero un día por fin dimos con un piso de tres habitaciones por un módico precio y nos aventuramos a ello. La convivencia los dos primeros meses fue sorprendente, nada que ver con la vez anterior, parecíamos completarnos a las mil maravillas e incluso nos planteamos tener un hijo, sí, queríamos aumentar la familia, un poco locura después de todo lo pasado pero ya llevábamos varios años juntos, y pensábamos que después de todo lo que habíamos superado ya nada podía venir peor o por lo menos yo pensaba así.

Pero una vez más mi gozo en un pozo, la cosa se complicó cuando él se quedó en paro si, un mes y medio después de irnos a vivir juntos, pero bueno intentamos no agobiarnos, o yo por lo menos lo intentaba, ya que yo aún conservaba mi puesto de trabajo, no era el trabajo de mi vida pero nos daba dinero y podíamos mantenernos.

¿Pensáis que ahí quedó todo? Pues no. Mi enfado y mi desesperación con la situación iban a más, porque Dani decidió que era momento de volver a vivir la vida. Y para colmo de los males cuando quise darme cuenta estaba embarazada, sí maldita la idea de ampliar la familia.

Al quedarse Dani en paro dejamos de intentarlo, pero ya habíamos metido la pata antes, ¡Veis todo lo que pienso hacer siempre me sale mal! No era ni el momento, ni había ganas con la noticia del paro, pero como dos adultos decidimos que a lo hecho pecho, ya no había marcha atrás y debíamos tirar para delante.

Lo cierto es que al enterarme de la noticia me cayó como un jarro de agua fría pero conforme mi embarazo se iba notando me sentía feliz de la vida que crecía dentro de mí. ¿Pero sabéis qué? Él se volvió un autentico capullo, en vez de estar a mi lado se dedicó a recuperar su antigua costumbre de salir de fiesta con sus amigos, mientras yo me encargaba de la casa, aumentaba mis horas en el trabajo para conseguir más dinero y podernos mantenernos mejor y a mi niña, sí era una niña.

En más de una ocasión pensé mandar todo a la mierda de nuevo, pero mi pequeña esperanza era mi hija y tenía que luchar por mantener todo, si me venía abajo no podría darle una familia, ni siquiera una estabilidad. Aunque para que engañarnos, mis broncas con Dani, eran cada vez más frecuentes, el solo pensaba en que estaba muy deprimido porque se había quedado con cuarenta años en el trabajo y a mi parecer mi hija y yo le importábamos un pepino. Y dolía no veáis si dolía la situación, más que por mi por la vida que iba creciendo en mi interior.


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