26 nov. 2016

Bujías de Pasión



BUJÍAS DE PASIÓN
Capítulo 1

            —Hijo, ¿Tienes que salir siempre con esas pintas?—la señora Andrews se dirigió a su vástago en el tono tierno que acostumbraba a usar solo con él—. Un día de estos vas a matar a tu padre de un disgusto.
            —Madre, no pienso discutir otra vez por lo mismo.
            —¿Qué pretendes demostrar, Robert?
            —No pretendo demostrar nada, madre—contestó algo malhumorado—. Sólo quiero ser yo mismo, e ir cómo a mí me gusta, no cómo le gusta a padre. Nada más.
            —No pienso decírtelo más—la voz de la señora Andrews sonó tajante.
            —Eso me lo ha dicho mil veces ya, madre—Robert se acercó a ella y la besó con cariño en la mejilla—. Volveré tarde, he quedado con Valeria para cenar.
            —¡Menos mal que te queda algo de cordura!—su madre sonrió—. Nos gusta mucho esa chica.
            —Y a mí… Por eso me asusta que os guste tanto a vosotros…—dijo con una sonrisa burlona que alegró la expresión de su madre.
            —Muy gracioso, Robert, muy gracioso. Entonces, ¿te llevarás el coche, no?
            —Nooo…no me llevo el coche, madre. Iré como siempre, en mi moto.
            —Pero Robert…—el rostro de la señora Andrews volvió a tornarse resignado—. Como tú veas, hijo, pero una señorita de su condición se merece un medio de transporte más apropiado.
            —Madre, me marcho ya. Nos vemos a la noche. Saluda a padre.
            —Hasta luego, hijo. Y será mejor que no le diga nada.
            —Como mejor veas, madre. Te quiero.
            Robert salió de la mansión por la puerta principal, y se dirigió al viejo cobertizo que había junto a la casa de invitados. Recordó la discusión que tuvo hacía años con su padre porque quería trasladarse a vivir a aquellas dependencias, pero nunca se lo permitió porque “un hijo suyo jamás viviría en una choza mientras hubiera espacio en la mansión”
            El señor Andrews imponía respeto a todo el mundo, incluso a él, por muy rebelde que hubiera decidido ser. Al fin y al cabo toda la relación se resumió en que uno cedía en unas cosas y el otro cedía en otras. Su madre siempre decía que en lo único que se parecían padre e hijo era en el carácter y en la tozudez.
            Y así era cómo vivía, comía y hacía vida familiar en la mansión, y a cambio vestía y hacía más o menos lo que le daba la gana. Si la jugada le salía bien, en poco más de un año tomaría las riendas de su vida y se marcharía de casa.
            Abrió la envejecida puerta del cobertizo de madera y se acercó a su más preciado bien, a lo único que había comprado con su dinero: su motocicleta. La cogió del manillar y la empujó hasta sacarla fuera. Sacó el casco de medio huevo de debajo del sillín y cuando lo aseguró en su cabeza, comenzó a darle con el pie a la palanca de arranque. Una vez, dos, tres. Una pausa. Y una vez, dos, tres. Otra pausa. Una, dos, y por fin arrancó.
            —Cada día te cuesta más arrancar, ¿eh, pequeña?—Robert se quedó mirando su moto, como si ésta le fuera a responder de un momento a otro, pero no, no dijo nada, solo petardeó un par de veces y se paró.
*   *   *
            La señora Andrews observó sorprendida cómo su hijo entraba de nuevo en casa y sin decir nada se dirigía directo al mueble de la entrada y cogía las llaves de su coche. Cruzaron sus miradas en el hall de entrada, ella sonrió y él puso ojos de resignación. Y ahí quedó todo.
            Dejó caer la cabeza hasta que su frente chocó con el volante. Así se quedó un buen rato. Si había algo que detestaba era tener que darle la razón a sus padres, pero no le quedaba más remedio. Si Valeria no viviese en el otro extremo de la ciudad, si la línea de metro le hubiera llevado hasta allí, o la red de autobuses, o carruajes tirados por caballos; no cogería el coche, pero… No quería ni podía llegar tarde. Se incorporó y giró la llave en el contacto.
            Valeria esperaba junto al escaparate de la joyería que había al lado del edificio donde vivía con sus padres. Robert adoraba de ella esa inusual virtud en una mujer llamada puntualidad. En los dos años que llevaban juntos, jamás ninguno de los dos llegó tarde.
            La alegría invadió el rostro de la muchacha, y Robert dedujo que en aquella ocasión el motivo era doble: era su novio que llegaba para recogerla, y además venía a buscarla en coche.
            El Ferrari se detuvo a la altura de la joyería con las luces de emergencia encendidas. La ventanilla del copiloto bajó ligeramente.
            —¿Espera a alguien, señorita?
            —En realidad sí—Valeria se acercó hasta el coche y se inclinó de forma leve para mirar cara a cara al conductor, dejando a la vista de Robert un hermoso escote en su camisa—. Esperaba a un caballero, pero creí que vendría a lomos de su asno…
            —Muy graciosa—Robert sonrió mientras abría y salía del coche. Sin dejar de mirarla dio la vuelta al Ferrari hasta llegar a ella, y después de cogerla por la cintura, la pegó a él, le dio un beso lento y dulce y le abrió la puerta con gran galantería.
            —Por favor, señorita.
            —Gracias, caballero—Valeria se sentó y esperó a que él cerrase su puerta y se sentara a su lado—. No te esperaba en coche, la verdad. Si llego a saberlo me hubiera puesto un vestido y no pantalones.
            —Pero si te quedan muy pero que muy bien—Robert miraba aquellas largas piernas encerradas en unos ajustados pantalones.
            —Tampoco me hubiera hecho un recogido por el casco.
            —Estás preciosa siempre, cariño…
            —Muchas gracias, Robert—la sonrisa de Valeria era cada vez mayor—. ¿Sabes una cosa?
            —Dime.
            —Que ya puestos… podrías hacer la gracia completa y llevarme a un buen restaurante a cenar, ¿no te parece, cariño?
            —Eres muy lista, ¿lo sabías?—Robert la miró de reojo.
            —Lo sé, pero ya es difícil porque tendrías que haber reservado con antelación, cosa que como siempre, no has hecho…
            —¿Tan importante es para ti ir a cenar a un restaurante de lujo?—preguntó serio.
            —Sí, Robert, me gustaría que alguna que otra vez te comportaras como lo que eres.
            —¿Cómo lo que soy? ¿Qué soy según tú?—Robert ya sabía por dónde iban los tiros. Pocas veces lo habían hablado abiertamente, pero Valeria era experta en dejárselo caer.
            —Rico, Robert, me refiero a rico.
            —Perdona, cariño, pero yo no soy rico, lo es mi padre.
            —¡Dios! ¿Para qué me molestaré? Venga, vamos al restaurante de siempre.
            —Cariño, a veces me pones de los nervios—Robert pulsó el botón del manos libres del coche y una amable grabación le preguntó «a quién deseaba llamar»—. Le petit Paradise.
            —¡Ja!—Valeria soltó una carcajada al escuchar el nombre del restaurante al que llamaba—. Creo que tienen las mesas reservadas hasta casi dos años vista, cariño…
            —Le petit Paradise, buenas noches, ¿en qué puedo ayudarle?—una voz femenina contestó al otro lado de la línea telefónica.
            —Buenas noches—dijo Robert con voz seria—. Quisiera una mesa para dos en…digamos…una hora.
            —Lo siento, señor, si no tenía reserva, no disponemos de mesas libres hasta dentro de catorce meses. Disculpe las molestias.
            —Por favor, hágame el favor de decirle al señor Vignon que Robert Andrews busca un hueco en su restaurante para cenar con su preciosa novia.
            —¿Señor Andrews?—la voz de la chica sonó algo inquieta esta vez—. Seguro que encontramos algo para ustedes. Será un placer que vengan a cenar a nuestro restaurante. Les esperamos.
            —¿Lo ves?—dijo Robert colgando el teléfono y mirando a su pareja—. Es el apellido de mi padre el que obra milagros en esta ciudad.
            —Cada vez me gusta más ese apellido y uno de sus dueños… Tú—le contestó Valeria cogiendo su rostro con las manos y besándolo con pasión.
            —En fin, cariño, vayamos a cenar…

*   *   *


8 comentarios:

  1. Ohhhh,supo a poco jooooo.Ummm m gusta el mundo motero,el quiere ser sencillo,ella será muy vanidosa???? serán los protagonistas? O aparecerá la chica mala q lo hará volverse loco???uff cuántas hipótesis,jejeje

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  2. Está de bomba me encantó
    El es todo sencillito y eso me encanta no es por mal pero la chica ya me callo mal.
    No quiero ser mala leche pero como que no durará para siempre la relación. Son sumamente distintos

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  3. Me encanta!! Solo el principio me ha dado que pensar... Un hombre con un buen apellido que quiere pasar desapercibido? No sé... Vamos!! Quiero seguir leyendo!! :)

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  4. Me encanta!! Solo el principio me ha dado que pensar... Un hombre con un buen apellido que quiere pasar desapercibido? No sé... Vamos!! Quiero seguir leyendo!! :)

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  5. "cómo a mí me gusta, no cómo le gusta a padre" Estos como y alguno que otro por ahí no llevan tilde. Empieza bien.....

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