11 dic. 2016

Bujías de Pasión


Capítulo 3

            —Estás frente a él, corazón…—le respondió cruzando los brazos y apoyando su trasero en un sillín de una de las motos.
            —¿Tú? ¿Eres el mecánico?—Robert se trastabilló al hablar—. Bueno, quiero decir… la mecánica…
            —¿Qué pasa? Te noto algo sorprendido—la chica se incorporó y dio un paso hasta él—. ¿Tan raro es?
            —Raro no, poco convencional—respondió Robert dando un paso atrás de forma instintiva.
            —¿Eso quiere decir que piensas que una mujer no sabe hacer el trabajo de un hombre?
            —¡No! ¡No! ¡Claro que no!
            —¿Qué no soy capaz?—la chica lo miró con gesto amenazante.
            —¡Qué no! ¡No me refería a eso, por dios! ¡No me lies!—Robert comenzó a sudar por cada poro de su piel—. Me refería a que no pienso eso, no me malinterpretes, por favor.
            —Tranquilo, hombre—pasó al lado de Robert y le dio un golpecito en el brazo con sus nudillos—. Estoy de broma, chaval.
            —Ah…
            —¿Cómo te llamas, vaquero?—le preguntó mientras se acercaba a una mesa llena de papeles, abrió el primer cajón y sacó un pitillo.
            —Me llamo Robert…—contestó sin apartar la mirada de aquella mujer que vestía como un hombre, pero sin explicárselo, a la vez le resultaba tan femenina—. Tengo una moto
            —¡Oh, qué interesante!—respondió ella, atrapando después el cigarrillo con sus labios y encendiéndolo a la vez que sonreía—. Yo también tengo moto…
            —Quise decir que tengo la moto averiada—Robert siguió sudando, y se le añadió un leve rubor a su cara.
            —Lo sé, te estoy tomando el pelo, hombre—se acercó a él, cogió una vieja silla de mimbre y se sentó a horcajadas, apoyando el pecho en el respaldo y frente a Robert—. Soy Laura, pero puedes llamarme Lau.
            —Encantada, Lau—Robert no supo si extenderle la mano o si dar un paso para darle dos besos, y por eso se quedó a medio camino de una y otra opción.
            —Y bien, cuéntame. ¿Cómo se llama y qué le pasa a tu chica?—preguntó Laura antes de dar una calada profunda y exhalar el humo despacio.
            —¿Perdona? ¿Cómo dices?—Robert estaba completamente perdido—. De verdad, discúlpame, pero desde que estoy aquí, no me entero de nada…
            —Hablo de tu moto—Laura volvió a sonreír—. Quien tiene una moto, le suele poner nombre de chica, ¿tú no?
            —¡Ah, vale!—al fin comprendió la pregunta. Miraba a aquella mujer y le producía sentimientos encontrados; creía detestarla por momentos, pero con cada sonrisa de ella, era como si tuviese delante a otra persona—. Betty, se llama Betty Boop, y no tengo ni idea de por qué no arranca.
            —Bonito nombre. Echémosle un vistazo—Laura le hizo una señal para que saliera a enseñarle su moto.
            Robert salió primero a la calle y en cuanto Laura asomó por la puerta le señaló su moto cual hábil vendedor. La chica se quedó mirando la moto por unos segundos, y después puso sus ojos en aquel hombre que vestía como si fuera un pijo pero que nada de lo que llevaba puesto era de una marca conocida. Laura notó algo extraño en Robert, pero no alcanzaba a averiguar de qué se trataba. Volvió a mirar la moto y comenzó a reír a carcajadas, dejando desconcertado a Robert.
            —¿He dicho o hecho algo gracioso?—preguntó contrariado.
            —¿Esta es Betty?—Laura contuvo su risa y lo miró fijamente a los ojos.
            —Sí, ésta es… ¿Algún problema?
            —No, qué va, para nada, el nombre le viene como anillo al dedo…—volvió a sonreír mientras movía la cabeza de un lado a otro de forma suave—. No te pega nada esta moto, ¿sabes?
            —¿Que no me pega? ¿A qué te refieres?
            —No sé, eres un tío guapo, atractivo, buena percha, que viste bastante bien, y aparece en este barrio con una vespa que debe ser mayor que tú… No sé, me tienes intrigada…
            —Me gusta mi vespa, ya lo ves; soy un tío raro, ¿y qué?
            —Y nada, pero dime…—Laura se acercó a la moto y comenzó a echarle un vistazo por encima—. ¿Qué haces en este barrio? ¿No hay talleres de los buenos en el tuyo?
            —Este es el más cercano—Robert se sintió molesto con aquella pregunta—. Si te molesta que esté aquí, no te preocupes, puedo ir a otro.
            —¿Y por qué iba a molestarme?—Laura lo miró poniéndose seria—. Sólo digo que es la primera vez que te veo por aquí.
            —Tal vez porque es la primera vez que vengo, ¿no te parece?—Robert se dio cuenta de que aquella mujer le estaba haciendo perder los papeles—. Sólo necesito saber si puedes arreglarla o no.
            —Claro que sí—Laura le guiñó un ojo—. Ven en un par de días y Betty estará ronroneando como si fuera un gatito.
            —Vale, volveré pasado mañana entonces. Muchas gracias, Lau.
            —No hay de qué, Robert. Por cierto, ¿necesitas que te acerque a algún sitio ahora? En un par de horas cerraré para almorzar, así que si te esperas puedo acercarte a casa.
            —Oh, no, no te preocupes, de verdad, iré dando un paseo.
            —Nos vemos, Robert, y ten cuidado…
            —Gracias.
            Robert echó a andar por donde había llegado. En un par de ocasiones giró la cabeza para mirar atrás. Laura quitó la patilla de su vespa y la empujó hasta el interior del taller. Él siguió su camino. Aquel había sido un encuentro de lo más extraño, no por el hecho de haberse encontrado una mecánica, sino por la forma tan descarada en la que le había hablado, y lo peor era que él se lo había permitido. Y a pesar de todo, había algo en aquella mujer que le hacía pensar que faltaban sólo dos días. La melodía de su teléfono lo devolvió a sus pasos. Cogió la llamada.
            —Dime, cariño—respondió con tono cariñoso.
            —¿Dónde estás, Robert? Estoy en tu casa y tu madre me dice que no sabe dónde te has metido.
            —Estaba dejando la moto en el taller; ya voy para casa. En quince o veinte minutos estoy ahí.
            —¿La moto? ¿Y cómo la has llevado?
            —¿Tú que crees, cariño? Pues empujándola—Robert le contestó de forma burlona sabiendo que a Valeria no le gustaba nada.
            —Muy gracioso, Robert…—el tono serio de la chica contrastaba con el de él—. Supongo que vendrás en taxi, ¿no?
            —Pues no, cariño, he decidido volver caminando, me apetecía dar un paseo.
            —¿Caminando? ¿En serio? ¿Estás bien, cariño? ¿Quieres que vaya a recogerte?
            —Que no, de verdad. No tardo en llegar, mi vida.
            —Vale, te espero en casa. Te quiero, Robert.
            —Hasta ahora, cariño. Yo también te quiero.
           


3 comentarios:

  1. "¿Qué no soy capaz?""¡Qué no!" Estos "que" no llevan tilde." ¡No me lies!" Líes lleva tilde.
    ¡Ay madre esta mecánica va a causar estragos!

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  2. jejeje, qbueno, yo tampoco me esperaba que fuera una vespa!!!!!!!!!!!! quería una Harley,ejjejejje.
    Ummmmm, me gusta Lau, va a darle nota a su vida, la novia Valeria la veo muy superficial,ejjejeje

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