24 may. 2017

Bujias de Pasión

Capítulo 10

            —Si yo gano, me pedirás perdón por todas las burlas que llevas haciéndome desde que nos conocemos… ¿te parece?—dijo Robert muy seguro de sí mismo.
            —¿Cómo? ¿En serio quieres apostar esa gilipollez?—Lau frunció el ceño mientras lo miraba fijamente a los ojos.
            —¿No te parece bien?—le respondió Robert en tono aún más desafiante—. No me gusta apostar dinero, pero puedo hacer una excepción.
            —No puede ser tan cortito… ¡Dios!—gritó Laura soltando un gran suspiro y mirando hacia el techo del local—. Mire usted, señorito… Yo pondré las condiciones de la apuesta, ¿vale?
            —Oh, gracias por el piropo. Venga, di tú qué apostamos—accedió Robert antes de levantar su cerveza para dar un trago.
            —Quien pierda de los dos, durante una hora, hará lo que el otro quiera, cuando el otro quiera y donde el otro quiera… ¿de acuerdo?
            —¿Cómo dices?—Robert casi se atraganta con la cerveza—. ¿Eso quieres apostar? ¿Estás segura? Mira que nunca me has visto jugar al billar…
            —Ni tú a mí, motero…—Laura se acercó a escasos centímetros de él, mirándolo fijamente a los ojos y reclamando un sí con su mirada.
            —Está bien, acepto la apuesta—respondió con seguridad—. Nos jugamos una hora de esclavitud… me parece muy bien, tú te lo has buscado.
            —Sí, lo sé…—una pícara sonrisa se dibujó en los labios de Laura—. ¿Al mejor de cuántas?
            —Me da igual, que elija la dama…
            —Al mejor de diez, que no tengo prisa esta noche, a no ser que te parezca mucho o tengas otros planes, claro…
            —No, no, venga, al mejor de diez. De todas formas, no creo que me lleve mucho tiempo…
            —¡Pues entonces juguemos! ¡Scotty! ¡Prepara cervezas!—gritó Laura levantando los brazos hacia el cielo—. ¡Noche de billar!
            —Tú lo has querido…
            —Bueno, campeón, ¿comenzamos?—dijo la chica dando la vuelta a la mesa de billar y dirigiéndose hasta el lugar donde estaban colocados los tacos.
            Lau se quitó la chaqueta de cuero como si llevara prisa, dando la espalda a Robert y dejándola encima de una pequeña mesa auxiliar que había al lado. Él no le quitó el ojo de encima mientras duró todo el trayecto, recorrió la misma distancia que ella hizo contoneando sus caderas y mostrando aquel trasero tan bien perfilado. En el momento que la chica se dio la vuelta y lo miró sonriente, reparó en el resto de su cuerpo. Una mueca de asombro acudió al rostro de Robert.
            La miró con atención, iba tan insultantemente sencilla que Robert sintió cierta envidia de que pudiera estar tan guapa con una simple camiseta blanca de algodón y sin tirantes, una prenda que se ajustaba a las mil maravillas a su silueta. Sí, eso llamó su atención, pero no tanto como sus dos brazos tatuados desde las muñecas hasta los hombros, pinceladas de color que decoraban cada centímetro de su piel. En ese mismo instante sintió el irrefrenable deseo de acercarse para ver los dibujos con más atención; y lo hizo, esta vez no se lo pensó y se fue directo hacia ella.
            —Guau—exclamó Robert al acercarse sin desviar la vista de sus brazos.
            —Si no fuera porque ya sé lo rarito que eres, diría que es la primera vez que ves un tatoo...—le respondió Laura con cierto sentimiento de incomodidad por una parte, pero con un poco de rabia porque se hubiera fijado solo en esa parte de su cuerpo.
            —No es eso, he visto muchos, listilla—Robert apartó su vista de los brazos de la chica y la miró directamente a los ojos—. Tan solo es que no me lo imaginaba, bueno, en cierto modo sí, pero... ¡No sé, maldita sea, que me ha llamado la atención y punto!
            —Ah, vale, comenzaba a asustarme...—soltó una risa Laura, satisfecha de haber recuperado hacia sus ojos la mirada atenta del chico—. ¿Y bien? ¿Qué te parecen?
            —Son una obra de arte, la verdad, ¿significan algo especial?
            —Pues sí, cada uno de los tatoos hace referencia a algún pasaje de los libros que más me han gustado...
            —¿Ah, sí? Pues me parece algo muy original.
            —Venga, menos hablar y más jugar, que te vas a enterar, motero...
            —Cuando usted quiera, señorita...
            Laura colocó las bolas en el triángulo para comenzar, excepto la blanca y la negra que las colocó a la misma altura, invitando a Robert a coger un taco y ponerse al lado de ella, frente a la mesa. Él lo hizo, se inclinaron levemente asiendo los tacos cada uno a su estilo, golpearon las bolas hacia el fondo de la mesa y esperaron a que regresasen. La bola negra se quedó más cerca del borde.
            —Uy, creo que el saque es para mí...—dijo Robert en un tono cuasi burlón.
            —Bah, la suerte del novato...—le respondió ella sin deshacerse de su sonrisa—. Cuando quieras.
            Laura observó con atención a su contrincante de esa noche. Su semblante cambió de forma radical en cuanto se colocó frente a la mesa para abrir la partida. Notó cómo se concentraba en extremo y ponía todos sus sentidos en aquella partida.
            Golpeó fuerte y seco la bola blanca con el taco, haciendo que ésta saliera disparada a toda velocidad hasta impactar con todas las demás, las cuales hasta ese instante habían permanecido bien ordenadas en formación triangular.  Como si de una estampida se tratase, cada una salió despedida en una dirección distinta. Tres de ellas acabaron en una de las troneras. Satisfecho, miró a la chica.
            —No está mal. No…—Laura sonrió y contestó antes de que Robert pronunciase ninguna palabra—. Parece la suerte te acompaña…
            —¿Suerte?—replicó en tono chulesco mientras se iba a un lateral de la mesa para seguir con la partida—. Te demostraré que la suerte no tiene nada que decir aquí…
            Una bola tras otra, Robert fue colando casi todas las bolas salvo dos. Un fallo inesperado hizo que tuviera que ceder el turno.
            —Te toca, guapa.
            —Anda, pero si cuando te pones malote hasta sueltas piropos. Esto sí que es una sorpresa—Laura cogió su taco, se colocó en posición y le dio a la bola blanca, pero la carambola que pretendía no salió bien y la bola roja no entró.
            —Oh, qué mala suerte…—se le escapó a Robert junto a una carcajada.
            —No pasa nada, un fallo lo tiene cualquiera.
            —Eso va a ser…—Robert se dispuso a seguir tirando hasta que metió todas las bolas—. Uno a cero.
            —Enhorabuena, motero, pero aún queda mucho por jugar, ¿eh?
            —No te preocupes, será rápido.
            —Te veo incluso más seguro que antes, ¿verdad?—preguntó Laura colocando de nuevo el triángulo con las bolas y preparándose para sacar.
            —Claro que sí. No es que sea un campeón en billar, pero solo tengo un fallo o dos por partida, así que…
            —¡Guau! Eso es genial, ¿no?
            —Para mí sí… Venga, saca ya, que no quiero que esto se alargue demasiado.
            —Voy, voy—Laura sacó, pero la bola blanca impactó solo de refilón y apenas se movieron las bolas. Tampoco entró ninguna—. Vaya, no empiezo muy bien que digamos.
            —No, nada bien—Robert dibujó una sonrisa maliciosa en su rostro.
            —Venga, te toca.
            Las tres partidas siguientes no pintaron mucho mejor para Laura. En apenas media hora, Robert se había puesto a una partida de la victoria final. Para ese entonces, la atención de casi todos los clientes estaba en la mesa de billar. Robert se percató de que casi todo el mundo estaba pendiente de la partida y en más de una ocasión le pareció que cuchicheaban sobre el duelo que estaban disputando ambos.
            —Cuatro a cero—dijo—. No deberías haber apostado con un desconocido del que no sabes nada… Y me toca abrir…







           



2 comentarios:

  1. Yo quiero más... esta apuesta la puso super excitante..😍

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  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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