17 may. 2016

Empotrada Por Amor !!


Holaa como muchas sabéis dentro de nada saldrá Empotrada Por Amor, una historia diferente que seguro que te engancha !! 
Así que aquí os dejo los primeros capítulos de esta historia para ir abriendo bocas y tengáis más ganas de tenerla !!




Capítulo 2

            Hacía bastante tiempo que aquello no le ocurría. Había tenido sus coqueteos, sus ligues y tal, pero aquella mujer le transmitía algo que le era desconocido. Tenía algo que le atraía sobremanera, y no era solo una cuestión de atracción física, había algo más que no sabía explicar. No tenía pensamientos de volver a tener una relación seria por el momento, pero desde que aquella mujer le habló para pedirle presupuesto para reformar su piso, no podía evitar mirarla de otra manera, ni tampoco buscar encuentros con sus ojos.
            Estaba en la azotea colocándose los arneses y el descensor cuando oyó sonar un teléfono en el piso que había justo bajo él. La chica se encontraba en casa todavía, y pensó que sería un buen momento para verla aunque fuese un instante. Comprobó todo el sistema una vez más, se colocó de espaldas en el filo de la cornisa, cogió el descensor, y se dejó caer al vacío.
            Se detuvo en seco justo en frente de la ventana, muy cerca del cristal, y se quedó mirándola con atención. Estaba claro que no se lo esperaba y casi tira el móvil. Le hizo gracia, aquella hermosa mujer era tan natural que a Manolo le parecía extraño encontrarse con alguien así en los tiempos que corrían. Ella tenía clavada sus preciosos ojos en él, leyó en sus labios como se despedía de su interlocutor y colgaba el teléfono. Manolo sonrió, le hizo un guiño y apretó de nuevo el descensor para seguir bajando hasta llegar el andamio. Ya había visto a la chica del quinto.
            Estaban trabajando a la altura de la segunda planta cuando el móvil de Manolo comenzó a sonar.
            —¡Jefe!, si son los de la pintura, recuérdales que pronto necesitaremos el pedido, ¿vale?—Cristian gritó dirigiéndose a Manolo.
            —¡Vale!—cogió el teléfono y la preocupación lo invadió al ver quién le llamaba antes de descolgar—. Buenos días, dígame.
            —…
            —Iré enseguida. Muchas gracias por avisarme—colgó la llamada y miró a los chicos, que al instante entendieron lo que pasaba—. Tengo que dejaros un momento, ¿vale?
            —Claro, jefe—Cristian respondió—. No te preocupes.
            No tardó demasiado en llegar al pequeño parque que había unas calles antes de llegar al instituto de su hija. Bajó del coche y se acercó caminando al banco donde se encontraba su pequeña. Se sentó junto a ella sin decir nada.
            —Hola, papá—un hilillo de voz salió de ella—. ¿Quién te ha llamado?
            —Hola, hija. Me ha llamado tu director. ¿Qué te ha pasado?
            —No quiero ir al insti, papá.
            —¿Pero por qué? Eres una chica muy lista y te gusta estudiar, o al menos te gustaba, ¿qué ha cambiado ahora? ¿Es por tu madre?
            —Estoy muy cansada, de verdad—su hija parecía ponerse a llorar de un momento a otro—. Cada vez es más difícil aguantarla.
            —Cuando se ponga así, lo único que tienes que hacer es no escucharla—Manolo la rodeó con su brazo y le dedicó una gran sonrisa—. Usa la técnica de por un oído me entra y por el otro me sale…
            —No soporto que hable mal de ti, papá…
            —Tú me conoces de verdad, cariño, así que pasa de ella, dentro de poco no tendrás que preocuparte más de eso.
            —No es tan fácil…
            —Claro que no, pero los dos juntos podemos lograrlo, ¿a qué sí?
            —Sí…—por primera vez desde que llegó al banco, su hija sonreía—. Ya falta menos.
            —¡Esa es mi chica! Y ahora vete para el instituto, tú a las clases y yo de vuelta al andamio—Manolo guiñó un ojo y le dio un abrazo a su hija.
            —Vale, papá—su hija apretó con fuerza—. Gracias por venir.
            —Siempre me tendrás contigo, cariño. Venga, vete ya, no llegues más tarde aún.
            Manolo vio alejarse a su hija por el parque hasta que dobló la esquina de la calle. Suspiró profundo y cerró los ojos. Era consciente de lo mal que lo estaba pasando su niña desde el divorcio, pero la situación había empeorado en el último año, y todo porque se acercaba la mayoría de edad de su Laura.
            Al subir al coche vio en el salpicadero un papel con anotaciones. Era el borrador del presupuesto que había preparado para la mujer del quinto. Aún no la había llamado para decirle el total de la obra, y decidió hacerlo en aquel mismo instante. Cogió su móvil, marcó el número que venía en la hoja y esperó.
            —Buenos días.
            —…
            —Será un momento nada más. Soy Manolo, el albañil—esperó unos segundos antes de continuar—. Ya tengo preparado el presupuesto de la obra de su casa.
            —…
            —Sí.
            —…
            —El total serían siete mil doscientos. Si quiere se puedo llevar en persona o enviárselo por mail, como usted prefiera.
            —…
            —De acuerdo. Muchas gracias y que tenga un buen día.
            —…

            Una cosa menos por hacer, pensó Manolo mientras arrancaba su coche para regresar al edificio con sus trabajadores. Aquella mujer parecía especial hasta por teléfono. 


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