22 jun. 2016

Los principes no existen.... ¿Ó si?

Los Príncipes no existen ¿O sí?





La verdad que no sé por dónde empezar esta historia, estamos acostumbrados a los cuentos de princesas, donde siempre encontramos un príncipe azul y cómo no tenemos “El fueron felices y comieron perdices”.
Pero…La vida real es otra historia, los chicos no pasan de ranas a príncipes, es más bien lo contrario pasan de príncipes a ranas.
¡Qué triste! ¿Verdad? Comenzar una relación con toda la ilusión del mundo, dar todo de ti, para que siempre te rompan el corazón en mil pedazos, por lo menos así han sido mis historias.
Por más que reflexiono siempre llego a la misma conclusión, somos muy distintos, sí, lo sé no he descubierto América, esto es algo que siempre hemos sabido todos. Las mujeres somos muy pasionales y los hombres todo lo contrarío. En más de una ocasión he pensado que me gustaría estar su cabeza, porque parece que son de hierro, nada les duele o eso quieren hacernos creer y en cambio nosotras morimos de la pena ¿Por qué? Creéroslo nosotras tenemos lo más importante, corazón y por eso nos duelen las cosas.
En fin, que no quiero aburrimos mucho más con los tópicos, quiero que sepáis mi historia, el amor y el desamor de mi vida. No me gustan las historias tristes y el dolor mucho menos, por eso voy a darle un poquito de esperanza y amor a la historia de mi vida.
Siéntate y disfruta. Porque más de uno nos sentiremos identificadas con ella y sino ya me lo contareis.

¡¡Vamos allá!!

¿Estás preparada amiga mía?








CAPITULO 1

¿Qué sucede en mi vida? 


Me llamo Alison y tengo 34 años, me considero una persona dependiente emocionalmente, por eso estoy aquí, siempre he sido débil ante los hombres, pongo mi corazón, mis esperanzas, mi ilusión, mi alegría e incluso dejo mi vida de lado, pero siempre las historias tienen el mismo final para mí. Un adiós.

Esta fue mi presentación a Iris, mi psicóloga, sí he decidido que es lo mejor que puedo hacer por mí misma, ir a contar mis penas a alguien y he de reconocer que llevo seis meses acudiendo cada miércoles a consulta y sigo sintiéndome igual, no encuentro la diferencia del primer día a hoy, bueno sí una cosa sí, que ya no lloro sola, a ella no le molesta en absoluto que me derrumbe, aunque hay que decir que por 70 euros yo también aguantaba los llantos que hicieran falta.

Mientras estoy absorta en mis pensamientos, se abre la puerta de la consulta, sale de dentro una mujer de unos cuarenta años, su cara es todo un poema, se nota sufrimiento en su rostro, su mirada desprende pena y yo me pregunto ¿La mía será igual al salir? ¿La gente me verá igual?

─Alison, puedes pasar. ─Me dice Iris, con su dulce voz, algo que admiro, parece una persona dulce y compasiva, será porque su profesión lo requiere. Entro y me siento en el enorme sillón orejero de color negro que hay frente a ella. ─Bueno cuéntame ¿Cómo ha ido la semana? Me limito a mirarla mientras noto como mi gesto cambia ya quiere sacar la tristeza que lleva dentro.

─¿Tú que ves en mi cara Iris? Se sincera, por favor, después de seis meses debes conocer a la perfección mis expresiones.

─La cuestión no es lo que yo veo Alison, sino lo que tú sientes. ─Dijo tan tranquila, mientras yo me quedaba sin respuesta alguna que darle.

─Creo que mis sentimientos siguen igual, ¡no hemos avanzado una mierda en este tiempo! ─Grito antes de ponerme en pie dispuesta a marcharme, me siento muy furiosa y lo siento por ella, pero debo descargar mi ira contra alguien.

─No hemos avanzado, eso piensas ¿O tú no has querido avanzar? ─Buena pregunta Iris, pienso, ahora sí que me ha dejado paralizada.

Seguro que no entendéis una mierda de esta conversación y os parece absurda a mí me pasaría, si empiezo a leer una historia así, ¡que no cunda el pánico! Os voy a contar. ¿Dónde empezó mi desgracia? Exactamente no lo sé, lo que puedo afirmar es que empecé una relación hace nueve años ¿Y cómo es? Pues un autentico caos.
Las relaciones cuando empiezan son preciosas, todo el mundo dice que el principio es lo mejor ¡Pues no! Yo debo ser el caso que rompió la excepción porque para mí el inicio fue un infierno. Un auténtico desastre.

Éramos amigos desde hacía dos años y cuándo surgió la oportunidad de empezar “La maravillosa historia de amor” Ya entenderéis por qué la llamo así, me dije a mí misma ¿Qué mejor que estar con alguien que ya conoces? Sí nos conocíamos, nos llevábamos genial, nunca un enfado, una discusión. ¡Ay amigas! Pero no es lo mismo una amistad que el amor y si no que me lo digan a mí.

Como amigos quedábamos siempre, íbamos al cine juntos, a cenar, alguna comida e incluso algún botellón, porque no decirlo, si yo hubiera sabido lo que pasaría a raíz de usar la palabra novios otro gallo hubiera cantado. ¿Por qué? Sencillo, todo cambió, por aquel entonces yo trabajaba en una escuela infantil, y era lo único que me compensaba ante grandes desprecios, sentir el calor de aquellos pequeñajos. Que quiero decir con desprecios, fácil ya no contaba conmigo para nada, sino que me excluía y le veía menos que cuando éramos amigos.

Iba al cine, no puedes venir, eso el día que me lo decía antes porque otros días me enteraba cuando ya había salido. Salía de fiesta, yo no podía ir sus amigos iban de sujeta velas ¿Y antes porque podía ir? Así todo y por no decir cuando me decía “Te dejo” para irse de fiesta varios días.

Pero no pasaba nada, aunque la historia dolía ahí estaba Alison la fuerte para luchar por los dos. Es un poco ironía, aunque luchaba la cosa dolía y pasaba horas y horas llorando, la tristeza se convirtió en mi mayor aliada y compañera de camino. Pero sabía  que tarde o temprano lo conseguiría y así ha sido después de los primeros cinco años de tortura he conseguido que cambie, no al cien por cien pero algo sí.

─Igual tienes razón Iris, y soy yo la que no quiere avanzar, la que no quiere aceptar la realidad inevitable…no sé qué decirte sinceramente.

─Pues empieza por el principio, ¿qué te impide aceptarla?

─Verme sola, eso me impide aceptarlo, además de que he realizado un esfuerzo inútil durante años para acabar así. ─Dije agachando mi cabeza.

─Alison, nadie sabe lo que le depara el futuro y te aseguro que no ha sido un esfuerzo en vano, que seguro algo has aprendido con esta situación.

─¿El qué? Yo no creo que haya aprendido, solo veo que ahora acepto y callo.

─Busca en tu interior. Mira para la próxima cita quiero que hayas buscado cosas positivas que hayas aprendido este tiempo a su lado.

Esta mujer definitivamente está más loca que yo, ¿Qué busque cosas positivas? ¿Cómo? Si lo único que hay a mi alrededor son cosas negativas. Nunca hago nada bien para él, todo es una crítica constante. Bueno quizá si haya una cosa positiva, antes lloraba ahora no, solo guardo silencio aunque duela, a pesar de que tiene su parte negativa porque lo asumo. Y lo que hago es huir del problema para no tener que afrontarlo. Si no le veo no siento. Si no siento soy feliz.

Salgo de la consulta dando vueltas a toda la conversación con la psicóloga y vuelvo a preguntarme una vez más ¿Qué coño hago pagando 70 euros? Si salgo peor que cuando he entrado. Observo a la gente en la calle, todo el mundo parece feliz, todos menos yo. ¿Tan mala he sido en otras vidas? ¿Es cierto que existe el Karma? Subo a mi coche divagando en mis pensamientos, no soy consciente de que he regresado a casa, hasta que aparco y estoy a punto de bajarme.

 Estoy decidida, tengo que hacerlo, he de comenzar a pensar más en mí. La vida es más que depender de un amor, un amor roto, un amor que cansó a un corazón, un amor que se gasto de tanto usarlo como dice la canción. ¿Pero cuándo? Ahí viene el problema, cuando debo hacerlo, después de casi diez años es muy complicado romper la rutina, las costumbres, porque al fin y al cabo por eso nos regimos los seres humanos por costumbre y rutinas. Bueno…y más aún cuando ha habido convivencia. Pero voy a hacerlo, estoy convencida, hoy daré un nuevo paso en mi vida y acabaré con el dolor.  Respiro profundamente antes de meter la llave en la cerradura. ¡Hoy va a ser el comienzo de una nueva vida! ¡Mi nueva vida!

Según paso el umbral de la puerta voy decidida a la habitación. Ni siquiera entro al salón para no verle, si lo hago sus ojos me atraparan en la espiral de siempre, pena, un abrazo, unos besos y sexo desesperado.

¡El sexo! Esa es otra historia. Creo que no me he compenetrado también en la cama con nadie como con él, me hace vibrar de placer sus caricias, sus juegos en la cama, sus movimientos lentos pero sin pausa, cada embestida me hace gozar, hasta alcanzar el máximo clímax. ¡Cómo lo voy a echar de menos! Esa compenetración en la cama es lo que más voy a añorar de esta historia.

─¿Qué haces con la maleta? ─Pego un salto. No estoy haciendo nada malo, pero me siento como si mis padres me hubieran pillado haciendo alguna fechoría. Por un instante he vuelto a la adolescencia.

─Creo que debemos hablar. ─Digo cabizbaja, intentado evitar su mirada. ─Esto no puede seguir así, lo mejor es que me vaya, por favor no digas nada es lo mejor.

─Vale. ─Me responde mientras sale de la habitación.

¿Vale? ¿Eso es todo lo que tiene que decir? ¿Tan poco le importo? Ahora estoy enfadadísima, quiero ir hacia el salón y liar la de Troya, pero no, debo contenerme, dicen que no hay mejor desprecio que no hacer aprecio. ¡Pues no! Otro fallo mío cuando algo me duele no puedo callarme y tengo que soltar todo lo que pienso. Así que haya voy. Como los toros cuando salen del chiquero. Dispuesta a empezar la tercera guerra mundial.

─¿Vale? No tienes más que decir gilipollas. ─Mírale ahí en el sofá bien sentadito sin inmutarse, ¡Ay! Debo contenerme porque le arrancaría la cabeza. ─Me puedes contestar, que te estoy hablando. ─Nada, ni caso no mueve ni un parpado. ─Cada vez tengo más ganas de tirarle algo a la cabeza por si así reacciona el idiota, pero nada, opto por irme de nuevo a la habitación antes de que la sangre llegue al río.

Voy metiendo las cosas en la maleta, lo hago rápido, si


Ln fijarme si arrugo la ropa o no, necesito salir de aquí lo antes posible, me asfixia este ambiente, su pasividad, su desprecio, su indiferencia, ¿acaso no tiene corazón? Imposible, una persona así no puede tenerlo, y menos aún decir te quiero cuándo demuestra que no lo siente.

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